February 2007


Conversaciones con tu ego26 Feb 2007 11:13 am

“Pierdo el tiempo pensando en lo esencial que a veces dejo pasar, ¡cuántos instantes he ignorado ya capaces de haberme cambiado!…” La verdad es que esta parte de la canción creo que resume por si misma todo lo que quiero expresar… 

 ¿Os habéis parado a pensar en la cantidad de tiempo que desperdiciamos pensando en cosas que no nos van a ser útiles en ese instante? ¿por qué no podemos dedicarnos simplemente a disfrutar el momento presente? No se si a vosotros os ocurre… A mí antes no me ocurría casi nunca. Siempre vivía el momento, el aquí y el ahora, como si después no hubiese nada más… y eso me hacía vivirlo todo intensamente. No me refiero a que no haya que pensar en lo que se hace ni en el futuro, ¡por supuesto que si! pero cada vez que lo hagas piensa… “¿es este el momento de hacerlo?” Yo lo hacía con bastante facilidad… cuando mi cerebro empezaba a pensar en lo que pudiera venir (bueno o no), era perfectamente capaz de dar al botón “pause”, incluso al “stop”, seguir con el momento presente, arriesgarme… y cuando el momento había pasado, en la mayoría de los casos ya no tenía sentido volver a darle a “play”, porque ya todo estaba claro… y ese momento se sumaba al saco de momentos felices, o al menos  al de momentos vividos de verdad…  

A veces nos suceden cosas que no podemos valorar ahora, sólo podremos hacerlo con el tiempo. Pero hay que darles la oportunidad de ocurrir en un sentido u otro, si nos preocupamos por su final o pensamos de antemano en el resultado, ya sólo tendrán una opción, un único camino, el que les dejemos seguir nosotros mismos. 

Cuando esto me ocurre, es decir, cuando me doy cuenta de que he perdido tanto el tiempo pensando en algo que me ha impedido disfrutar de la situación que estaba viviendo, me angustio, me angustio de veras. Pienso en ese tiempo que ya no recuperaré que he invertido en hacer NADA de provecho. Parafraseando a alguien (que se que no necesita leer esto para tenerlo claro y ponerlo en práctica): ¿Acaso pensar en ello produjo algún bien? ¿cambió eso el motivo de mi preocupación o de mi ilusión?  La respuesta es NO, al igual que tampoco sirve de nada angustiarse por ello a posteriori, porque tampoco eso va a cambiarlo ni devolverme el tiempo perdido. 

Como os comentaba, últimamente me pasa esto más a menudo de lo que a mi me gustaría… y no logro entender por qué, me pregunto en que momento perdí el mando a distancia de mi cerebro ;-)  pero mientras lo busco (creo que ya se donde lo puse…) es importante recordar todo esto que os digo de las miles de formas que se nos ha dicho ya: en la música (como he comentado al principio), en el cine: “Carpe diem” (“El club de los poetas muertos”) y hasta en los anuncios: “Just do it” (conocida marca deportiva ;-) ) o mejor: “…cada mañana que te levantas con lo que te encuentras son con 1440 minutos por delante,¿has decidido cómo los vas a gastar?” (el nuevo anuncio del Mercedes Sport Coupe). 

No es un tópico, ni una consigna, es solo algo que creo que todos deberíamos recordar de vez en cuando (pero sólo un instante, el resto del tiempo debemos dedicarlo a ponerlo en práctica ;-) ) 

Conversaciones con tu ego25 Feb 2007 05:47 pm

A pesar de mi formación matemática siempre he odiado las definiciones. Las definiciones te ponen etiquetas, te encasillan, y difícilmente puedes deshacerte de ellas. La gente las usa para engrandecerse o para hacer pequeños a los demás, en resumen: no sirven para nada.

Yo no suelo darles buen uso. Cuando alguien se define de alguna forma en particular, siempre me sorprendo preguntándome a mi misma como soy yo. Esta pregunta puede resultar bastante absurda para mucha gente, pero a mi me angustia bastante ¿Y si acabo poniéndome alguna etiqueta de la que después no puedo deshacerme? o lo que es peor aún, ¿y si acabo poniéndosela yo a alguien?

Merecidos o no, hay que tener especial cuidado cuando hacemos un juicio sobre alguien, sobre su manera de expresarse o comportarse. Es muy probable que no dispongamos de la información suficiente para poder valorar justamente su manera de hacer las cosas. Y por absurdo que parezca, nuestras opiniones o valoraciones sobre los demás pueden hacerles mucho daño.

Este es mi propósito a compartir hoy: emitir menos juicios sobre los demás y sobre mi misma.

” No quiero ser juez ni verdugo…  así que no hagas de mi un condenado”

 

Conversaciones con tu ego22 Feb 2007 02:26 pm

Estoy pensando en el nuevo anuncio de coca cola Light, ese en el que dice por ejemplo “que levante la mano la que renegó de su madre y acabó pareciéndose a ella…” pues aquí también sería aplicable la misma idea, ¿quien se atreve a no levantar la mano si le pregunto si alguna vez se ha sentido incomprendido o como si no fuese de este mundo? A mi me pasa bastante a menudo, y en realidad estoy convencida de que nos pasa a todos, en mayor o menor medida según seamos más o menos meditabundos…

No podéis mentirme, ¿no os ha pasado alguna vez? esas veces en las que intentas explicar a alguien de la manera que te parece más clara algo que para ti es básico o lógico pero parece que nadie lo entiende… o dicho de la forma contraria ¿no os ha parecido muchas veces que el resto del mundo actúa de una forma que no comprendes y que te parece de lo más absurda? (estoy viendo muchas manos levantadas en mi imaginación ;-) ) estoy convencida de que si. Lo curioso es que si sales de tus meditaciones y miras las cosas desde lejos, te das cuenta de que te encuentras dentro de un sistema referencial: para ti ellos son el resto del mundo, pero tú también lo eres para ellos. En conclusión: nadie es de este planeta :-)

Esto nos lleva a algo muy básico (y al refranero popular: “cada uno es de su madre y de su padre”): todos somos diferentes en alguna u otra cosa. Podemos compartir gustos, pensamientos, aficiones… incluso la mayoría de estas cosas, pero siempre hay algo que nos diferencia de todo el resto del mundo, y que a veces nos hace sentir incomprendidos. Últimamente le he dado algunas vueltas a esto. No me gusta sentirme incomprendida o “rara” en algunas circunstancias, tampoco me gusta cuestionarme si mis actuaciones o pensamientos pueden parecerle extraños o equivocados a los demás, eso a veces me angustia… entonces caí en la cuenta de que también a mi me parecen extrañas o cuestionables algunas de las actuaciones de los demás, pero no por eso les juzgo o pienso que proceden de algún lugar alejado del Sistema Solar.

Creo que debemos esforzarnos un poco más en tratar de respetar aquellas cosas que no podemos comprender, porque es posible que nunca las comprendamos. No podemos tratar de comprender a todo el mundo ni tampoco juzgar sus actuaciones según nuestros criterios.

Es importante tener cerca a quienes más te comprenden, y siempre respetar aquella parte que no puedes comprender de ellos o que ellos no entienden de ti. El tiempo te hace caer en la cuenta de que hay mucha gente a la que no podrás comprender nunca en el fondo, o que no compartirás con ellos las cosas más básicas e importantes, y que tus esfuerzos caerán siempre en saco roto… por eso es aún más importante saber respetar a esos pocos (o muchos si eres afortunado en amigos como yo :-) ) que tienes cerca y de verdad te entienden en las cosas importantes… habrá que valorar mucho más su comprensión y mucho menos sus pequeñas incomprensiones :-)  Apliquemos el mismo principio: “Quid pro quo”, o lo que podríamos decir que es lo mismo, “hoy por ti y mañana por mi” :-)

Conversaciones con tu ego15 Feb 2007 09:05 pm

Hace ya algunos días, una mañana en horas en las que suelo estar trabajando, me encontraba caminando cerca de una plaza (asuntos matutinos que me tenían fuera de la oficina). Esta plaza es un lugar por el que antes paseaba casi a diario, ahora hacía ya bastante tiempo que no volvía a ir por allí. Al pasar descubrí a un grupo de señoras que acababan de encontrarse y se disponían a tomar un café en una de las cafeterías de la plaza (el volumen de su conversación no dejaba lugar a duda acerca de sus planes…).

Curiosamente allí me dirigía yo a tomar el desayuno, así que entramos casi a la vez. Mientras tomaba mi café (–en realidad manzanilla con sacarina pero prefiero pensar que era un estupendo café de esos que hace más de un mes que no tomo–) las observaba. Esto es algo que llamó mucho mi atención mis primeras mañanas madrileñas fuera de la oficina un día entre semana: Señoras de edad tomando café o charlando en un banco en la plaza cuando hace mejor tiempo. Esta estampa, que igual puede pasar desapercibida para una persona que haya vivido siempre aquí, no era común para mi (orgullosa provinciana en el sentido literal de la palabra, es decir, de provincias). Estas señoras no se parecían en nada a las abuelitas que yo conocía. Señoras muy arregladas, perfectamente conjuntadas, oliendo a perfume caro (al menos si no es caro desde luego si que es intenso…), que quedan con sus amigas para hablar de las que no están presentes, o simplemente para charlar sobre el tiempo, algunas hasta ¡llevan bastón! (y creo que alguna vez vi alguna con sombrero…). Para mi las abuelitas no usaban perfume, olían bien, siempre tenían cosas que hacer, y si salían a la calle para pasear era del brazo de su marido o de su hija si eran viudas (y desde luego ninguna llevaba bastón o sombrero). Pero no quedaban con sus amigas para tomar café, al menos no las que yo conocía. Sin embargo allí estaban, no sólo un grupo sino muchos, muchas señoras tomando café. ¡Quedé encantada! ¡Se divertían! Se divertían de verdad, charlaban, sonreían, como un grupo de amigas jóvenes tomando café, pero más tranquilas, más relajadas con menos problemas aparentes y menos cohibiciones…

Eso me hizo pensar en bastantes cosas, pero sobre todo en una: ¿qué importarán mis pequeños problemas de la veintena cuando yo quede con mis amigas septuagenarias para tomar café? Esto pasó por mi cabeza cuando, intencionadamente la verdad, escuchaba su conversación con interés. Mientras hablaban del tipo de punto de la chaqueta nueva que se había comprado la del pelo teñido en cobre, la que la sostenía en sus manos (finas, bien cuidadas llenas de pecas pero también de un par de elegantes anillos), la miraba atentamente y la volvía de un lado para otro mientras hacía comentarios como “¡pues claro que es este/o aquel (–no recuerdo exactamente el tipo, no soy muy entendida y tampoco especialmente habilidosa con las labores–) tipo de punto! ¡Cuantas chaquetas así no habré cosido yo! Después de la guerra, en Barcelona, mi hermana y yo pasábamos días y días cosiendo con mi madre para poder sacar dinero porque éramos 6… ” … “mi padre fue a la cárcel y mi hermano y yo nos escapamos el día que vinieron a detenerle, pasamos varios días escondidos en los túneles del tren, hasta que nos reconoció una amiga de mi tía y nos llevó a vivir con ella…” (esto lo decía la señora del pelo más cano, aunque era la que tenía el aspecto más joven).

Sin embargo ninguna parecía apesadumbrada ni su rostro entristecía al hablar de aquello, su ceño se fruncía mucho más cuando alguna aseguraba que no estaba la chaqueta cosida de tal forma si no de tal otra y que no llevaba razón, ¡la chaqueta era ahora la protagonista de sus preocupaciones! Aquellos sucesos que a mi me parecían muy duros, también tuvieron que serlo para ellas (aunque nos empeñemos en decir que era otra época, que no había tantas cosas que codiciar, que la vida se aceptaba como venía y la gente no se hacía tantas preguntas, pero aunque todo esto fuese realmente así, aunque pueda parecer que antes había más problemas reales y menos inventados… la gente también sufría porque las personas siempre hemos tenido sentimientos). Sin embargo aquello ahora era tan lejano, tantas cosas buenas y malas habían acontecido en sus vidas después… que ahora no tenía sentido todo aquel sufrimiento del que podía hacer 60 años… 60 años… yo no he vivido ni la mitad de eso (–aunque me quede poco para hacerlo–). Pero ellas sólo se preocupaban por el aquí y el ahora, por lo que acontecía en ese preciso instante…

Pagué mi café (manzanilla) y me fui con un montón de ideas rondando mi cabeza, pero sobre todo una: intentaría que nunca nada me preocupase más de lo necesario. Trataría de preocuparme y sufrir sólo por las cosas que fuesen realmente dolorosas e inevitables… Vivir el aquí y el ahora.

El tiempo va colocando los sucesos en el horizonte, y todo quedará atrás algún día. Serán entonces lejanos los malos momentos… pero también los buenos que perdimos preocupándonos por aquellos y que ya no volverán, porque el tiempo no espera a nadie.

Conversaciones con tu ego11 Feb 2007 05:22 pm

… De esas pequeñas cosas que descubres cada día, al bajar del autobús, al caminar hacia casa, al girar la cabeza y ver algo que está justo al lado y nunca habías mirado de esa forma… Este es el momento y uno de esos lugares para compartirlas.

friends10 Feb 2007 01:55 pm

La pelota está en tu tejado. Quiero ver la escritora que llevas dentro…

Besucos!